Cuidar las emociones también desde el escritorio 🖥
- Yais Barroso

- 22 dic 2025
- 1 Min. de lectura
Entre reuniones y pendientes, el cuerpo suele pasar inadvertido.
Comer frente a la pantalla, hacerlo sin pausa o dejarlo para después se vuelve una manera silenciosa de sostenerlo todo.
Y, sin notarlo, la comida refleja la distancia entre el esfuerzo y el descanso, entre cuidar y estar disponible.
El plato no solo alimenta: también muestra la relación que tenemos con el tiempo, con la exigencia y con nosotros mismos.
A veces evidencia el intento de rendir más de lo que alcanza; otras, la necesidad de un respiro que no encuentra lugar.
El cuidado no siempre aparece en grandes gestos.
A veces se revela en esos instantes mínimos donde algo interno recuerda que también merece atención.
Registrar ese momento no busca cambiar lo que se hace, sino reconocer lo que se siente cuando se posterga.
Porque cuando el cuerpo deja de ser el último en la lista, cambia la manera de atravesar el día.
Esa conciencia no altera las tareas, pero transforma la presencia: devuelve al día la posibilidad de incluirnos en él.
Y quizás ahí empiece el verdadero cuidado, el que no se agenda ni se promete, pero se nota cuando empieza a suceder.
Nos vemos en sesión ☺️
Contenido profesional.
No reemplaza un proceso clínico personalizado.
Si deseas trabajarlo en un espacio cuidado, puedes iniciar tu proceso desde aquí



