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Cuando descansar incomoda

Hay momentos en los que la pausa no trae alivio.

El cuerpo se detiene, pero algo no acompaña.


La quietud se siente tensa, como si no terminara de encajar.

No hay urgencia externa, y aun así aparece una inquietud difícil de ubicar.

No es ansiedad.

Tampoco calma.


El descanso, en esos casos, no se vive como refugio.

Se vuelve un lugar extraño.

Un espacio donde el tiempo se abre y no todo sabe qué hacer con eso.


El movimiento, en cambio, resulta familiar.

Tiene ritmo.

Tiene forma.

Sostiene una continuidad que no necesita demasiadas preguntas.


Cuando esa continuidad se interrumpe, la pausa no siempre ordena.

A veces expone.

No algo dramático.

Algo sutil, pero insistente.


No se trata de resolver esa incomodidad ni de convertirla en señal.

Tampoco de forzar la calma.

A veces basta con dejarla existir sin apurarla.


Porque hay experiencias que no piden comprensión inmediata.

Piden tiempo.

Y un modo de ser miradas que no las reduzca ni las explique de más.


En ese borde, donde el descanso no termina de sentirse descanso, suele haber algo que merece permanecer a la vista, sin ser empujado hacia ningún lado.


Nos vemos en sesión


Reflexión profesional. No reemplaza un proceso terapéutico personalizado.

Si deseas trabajarlo en un espacio cuidado, puedes iniciar tu proceso desde aquí.


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