top of page

Urgencia interna...

A veces el apuro no nace del reloj.

Se instala antes, por dentro.


No siempre tiene que ver con hacer más rápido.

Tiene que ver con seguir.

Con no detenerse demasiado.


Hay quienes llegan.

A todo.

A todos.


Resuelven, cumplen, sostienen.

Y durante mucho tiempo eso funciona.


Pero en algún punto, la vida empieza a sentirse como una lista que no termina.

El tiempo se llena de pendientes.

El descanso queda para después.


La pausa incomoda.

No por falta de hábito, sino porque detiene algo más que el movimiento.

Como si al frenar se desordenara algo que viene siendo sostenido hace rato.


El apuro se confunde con compromiso.

Con responsabilidad.

Con estar presente.


Y el cuerpo acompaña como puede.

Se tensa.

Duerme mal.

Acumula cansancio sin decir mucho.


No se trata de organización.

Ni de aprender a gestionar mejor el tiempo.


Tiene que ver con seguir funcionando aun cuando la energía ya no alcanza.

Con mantenerse en movimiento para no entrar en contacto con lo que aparece cuando todo se aquieta.


A veces, cuando el cuerpo o el ánimo empiezan a mostrar el costo, no piden más orden.

Piden otra lectura.


Una que permita mirar qué se ha venido sosteniendo.

Y qué lugar ocupa el apuro en todo eso.


Ese punto, cuando el cansancio deja de ser solo cansancio y empieza a interrogar, suele marcar algo distinto.

No una respuesta.

Un inicio.


Nos vemos en sesión ☺️


Contenido profesional.

No reemplaza un proceso terapéutico personalizado.

Si deseas trabajarlo en un espacio cuidado, puedes iniciar tu proceso desde aquí.


bottom of page