Disponibilidad emocional: cuando esperar deja de ser solo un mensaje
Nunca se sabe cuándo volverá a escribir...
A veces alguien aparece, pero la tranquilidad no se queda. Es entonces cuando esperar nunca parece realmente un problema porque, tarde o temprano, vuelven a escribir, encuentran un momento para llamar o proponen verse y, cuando eso ocurre, todo vuelve a sentirse tan natural que cuesta recordar por qué unos días antes ese silencio había ocupado tanto espacio.

Precisamente por eso, esperar empieza siendo algo muy concreto: una conversación puede dejarse para después, un plan puede organizarse cuando haya un momento o una noticia puede guardarse unos días más porque, total, ya habrá oportunidad cuando vuelva a aparecer, y nada parece demasiado importante si todavía puede entenderse como una forma de respetar el tiempo del otro.
Con el paso del tiempo, sin embargo, esa espera deja de quedarse solamente en los mensajes y algunas conversaciones empiezan a postergarse, ciertos planes quedan abiertos y otras cosas se acomodan alrededor de cuándo volverán a coincidir, casi siempre sin que nadie lo haya pedido y sin que resulte sencillo reconocer en qué momento empezó a pasar.
Como el vínculo sigue existiendo y el afecto también, rara vez aparece una razón clara para detenerse a mirar ese movimiento, porque todo parece encontrar finalmente su momento, aunque ese momento no siempre llegue cuando surge la necesidad, sino cuando el otro vuelve a estar disponible.
Quizá por eso la pregunta ya no termina girando solamente alrededor de cuándo volverá a escribir, sino de todo lo que continúa esperando junto con ese mensaje.
Nos vemos en sesión.
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