Cuando la comida se vuelve refugio o castigo
- Yais Barroso

- 16 dic 2025
- 1 Min. de lectura
Hay días en que el hambre no está en el cuerpo, sino en el ánimo.
Y aun así, el cuerpo es quien responde.
El acto de comer se vuelve entonces una escena donde se mezclan calma, control y consuelo.
Para algunas personas, el plato representa un refugio: un lugar donde por fin no se espera nada, donde se puede detener el ruido.
Para otras, se convierte en medida: una forma de probar resistencia o disciplina, como si la capacidad de control definiera el valor personal.
En ambos extremos hay una búsqueda legítima de equilibrio.
La comida pasa a ser el medio que traduce algo más profundo: la forma en que aprendimos a regular el afecto, a tolerar la falta o a sostener la soledad.
Cuando ese vínculo se hace consciente, la comida deja de ser campo de batalla entre exceso y restricción.
Empieza a mostrar lo que en realidad intenta comunicar: cómo se siente vivir dentro de uno mismo.
No siempre se trata de cambiar la forma de comer, sino de comprender la historia que se repite en ese gesto.
Y a veces, ponerle palabras a esa historia, con presencia y acompañamiento, permite que el cuerpo deje de cargar con todo lo que no se dijo.
Nos vemos en sesión ☺️
Contenido profesional.
No reemplaza un proceso clínico personalizado.
Si deseas trabajarlo en un espacio cuidado, puedes iniciar tu proceso desde aquí



