top of page

Cuando la comida se vuelve refugio o castigo

Hay días en que el hambre no está en el cuerpo, sino en el ánimo.

Y aun así, el cuerpo es quien responde.

El acto de comer se vuelve entonces una escena donde se mezclan calma, control y consuelo.


Para algunas personas, el plato representa un refugio: un lugar donde por fin no se espera nada, donde se puede detener el ruido.

Para otras, se convierte en medida: una forma de probar resistencia o disciplina, como si la capacidad de control definiera el valor personal.


En ambos extremos hay una búsqueda legítima de equilibrio.

La comida pasa a ser el medio que traduce algo más profundo: la forma en que aprendimos a regular el afecto, a tolerar la falta o a sostener la soledad.


Cuando ese vínculo se hace consciente, la comida deja de ser campo de batalla entre exceso y restricción.

Empieza a mostrar lo que en realidad intenta comunicar: cómo se siente vivir dentro de uno mismo.


No siempre se trata de cambiar la forma de comer, sino de comprender la historia que se repite en ese gesto.

Y a veces, ponerle palabras a esa historia, con presencia y acompañamiento, permite que el cuerpo deje de cargar con todo lo que no se dijo.


Nos vemos en sesión ☺️


Contenido profesional.

No reemplaza un proceso clínico personalizado.

Si deseas trabajarlo en un espacio cuidado, puedes iniciar tu proceso desde aquí


bottom of page