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Reconciliarme con mi cuerpo

Hay etapas en las que el cuerpo deja de sentirse propio.

Se lo mira con juicio, se lo exige, se lo corrige.

Y cuanto más se intenta controlarlo, más distante se vuelve.


Reconciliarse con el cuerpo no significa amarlo sin conflicto,

sino aprender a relacionarse con él sin pelear todo el tiempo.

A veces eso empieza con gestos mínimos: soltar la comparación, reconocer el cansancio, elegir una pausa en lugar del reproche.


Cada vez que se suspende la crítica, aparece un pequeño espacio de tregua.

Y en esa tregua, algo del vínculo cambia: el cuerpo deja de ser enemigo y empieza a sentirse presente.


No siempre se logra solo.

A veces se necesita revisar de dónde vienen las exigencias que lo mantienen en deuda.

Comprender eso, con mirada acompañada y sin juicio, puede ser el primer paso para habitarlo con calma.


Nos vemos en sesión


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