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Después de esa relación intensa

No siempre, después de una relación intensa, aparece tristeza.

A veces aparece algo distinto.


Se nota en el cuerpo.

Dormir mejor.

Respirar sin tanta presión.

Estar sin estar pendiente de alguien más.


Eso puede desconcertar.

Se esperaba dolor y aparece alivio.

No porque la relación no haya importado, sino porque dejó de exigir una atención constante.

Como si algo, por dentro, soltara un poco.


En relaciones así, mucha energía se va en sostener a otros.

En acompañar.

En estar disponible.

En leer climas.

Cuando eso ya no ocurre, el cuerpo lo registra antes que la mente.


El día empieza a sentirse diferente.

Las decisiones no pesan igual.

El ritmo cambia solo.

No como logro.

No como meta.

Simplemente porque ya no hay que adaptarse todo el tiempo.


Ese alivio no explica la relación.

No la ordena.

No la cancela.

Solo muestra que algo dejó de apretar.


Con el paso de los días, pueden asomar otras preguntas.

No urgentes.

No ruidosas.

Preguntas que no piden respuesta inmediata, solo lugar.


Pero ahora hay algo más simple.

Un poco más de espacio interno.

Una forma distinta de estar en el día.

Y eso, por sí solo, ya dice bastante.


Nos vemos en sesión ☺️


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