Cuando recibir se vuelve tenso...
- Yais Barroso

- 12 feb
- 1 Min. de lectura
En teoría, recibir algo que corresponde debería sentirse simple.
Un trámite natural del intercambio de cada día.
Pero hay ocasiones en las que ese instante adquiere una textura distinta.
No por lo que llega, sino por lo que despierta.
Es un momento breve, casi imperceptible, donde algo interno queda en suspenso.
Como si la mente siguiera adelante, pero otra parte necesitara un poco más de tiempo para acompasarse.
Nada dramático, nada evidente.
Solo un pequeño desajuste que no siempre encuentra palabras.
Lo externo continúa: el mensaje, el depósito, la frase de reconocimiento.
Pero por dentro queda una huella tenue, un eco que no interrumpe, aunque cambia la manera en que ese día se siente.
No señala una falta.
Tampoco un exceso.
Es un recordatorio suave de que el acto de recibir toca algo más que lo profesional.
A veces parece rozar una zona que se sostiene con más delicadeza y que no siempre se deja ver en medio del ritmo laboral.
Y ese roce, tan discreto, a veces se queda acompañando.
No incomoda, no pide explicación.
Simplemente permanece, como si algo de ese gesto hubiera querido decir un poco más de lo que se dijo.
Nos vemos en sesión
Reflexión profesional. No reemplaza un proceso terapéutico personalizado.
Si deseas trabajarlo en un espacio cuidado, puedes iniciar tu proceso desde aquí.



