top of page

Compararse en redes: lo que no siempre se nota

Las redes entran y salen del día con naturalidad. Entre tareas aparece una imagen: alguien que logró algo, que viajó, que empezó un proyecto, que mostró un cuerpo trabajado o una casa nueva. Se desliza rápido y sigue el día.


En ese gesto cotidiano, no parece importante. Pero algo cambia.


Compararse en redes no siempre se vive como una comparación directa. No suele formularse en palabras. Más bien se nota después: una pequeña caída en el ánimo, una duda que no estaba antes, una revisión silenciosa de lo propio.


Porque aunque la escena ajena dura segundos, lo que deja puede durar más.


Se trata de un ajuste casi imperceptible en la autoimagen. Una sensación leve de estar un poco detrás, aunque nada concreto haya cambiado.


Y esa es una de las particularidades del fenómeno: la comparación no necesita ser consciente para tener efecto. Basta con exponerse muchas veces a versiones seleccionadas de la vida de otros para que se instale una medida silenciosa.



Persona mirando redes sociales en su teléfono

Si antes las referencias eran más cercanas y limitadas, hoy son amplias, constantes y editadas. Por eso, esa exposición repetida modifica el punto desde el cual cada uno se mira.


En ese movimiento, a veces lo que cambia no es la realidad propia, sino el estándar con el que se la evalúa.


El desplazamiento no siempre se registra en el momento. Se siente más tarde, cuando la pantalla ya no está enfrente, pero el tono interno quedó un poco alterado.


Así, son desplazamientos pequeños. Pero persistentes.


Nos vemos en sesión ☺️


Contenido profesional.

No reemplaza un proceso clínico personalizado.

Si deseas trabajarlo en un espacio cuidado, puedes iniciar tu proceso desde aquí.


bottom of page