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Amistades que se enfrían fácilmente

Hay amistades que parecen resistir bien el paso del tiempo, porque pueden pasar semanas o incluso meses sin hablar y, cuando vuelven a encontrarse, la conversación surge con naturalidad, el cariño sigue ahí y parece que nada importante cambió entre una vez y la siguiente.



Amistad

Quizá por eso no siempre es fácil notar cuándo una amistad empieza a enfriarse, ya que no suele ocurrir después de una discusión ni en un momento claro. La relación conserva muchas de las cosas que siempre la hicieron sentirse cercana y, mientras eso sigue presente, lo que pasa entre un encuentro y otro puede quedar casi fuera de la mirada.


Durante ese tiempo, una persona vuelve a escribir, propone verse o retoma una conversación que había quedado pendiente y, como del otro lado hay respuesta, la amistad vuelve a moverse. Al principio puede no sentirse extraño, sobre todo cuando existe cariño, una historia compartida o la idea de que cada persona tiene una manera diferente de estar presente.


Sin embargo, cuando esa escena empieza a repetirse, el silencio deja de ser solamente el tiempo que pasa entre dos mensajes, porque cada vez se alarga hasta que la misma persona vuelve a acercarse y, aunque la amistad continúa, también empieza a necesitar más de ese movimiento para seguir cerca.


Como los encuentros todavía pueden sentirse agradables, no siempre se nota todo lo que ocurrió antes para que fueran posibles, de modo que la atención queda puesta en que la amistad sigue ahí, mientras volver a escribir, adaptarse a los tiempos del otro o proponer otro encuentro empieza a formar parte de una manera de relacionarse que casi ya no se cuestiona.


Y, precisamente porque esa forma de encontrarse puede sentirse normal durante mucho tiempo, la distancia puede crecer sin que exista una ruptura y la relación seguir teniendo un lugar, aunque cada acercamiento necesite empezar casi siempre del mismo lado. No hace falta que el otro se aleje abiertamente para que esa diferencia empiece a sentirse, porque a veces basta con que permanezca cómodo en una amistad que alguien más se ocupa de volver a mover.


Por eso, cuando esto ocurre en una sola relación, puede parecer simplemente una característica de esa amistad. Sin embargo, cuando la misma escena empieza a aparecer con distintas personas, quizá ya no sea tan fácil seguir pensando que todas se enfrían por la misma razón.


Quizá lo más difícil no sea notar que algunas amistades se enfrían, sino reconocer qué empieza a quedar a la vista cuando no sucede solo con una.


Nos vemos en sesión.


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