¿Por qué siento que todos avanzan menos yo?
- Yais Barroso

- 30 ago
- 1 min de lectura
Hay días en los que parece que todos van más rápido.
Al principio, la comparación parece hablar de los demás, de lo que consiguieron, de los cambios que ya pueden mostrar o de la rapidez con la que llegaron a lugares que también se esperaban alcanzar. Sin embargo, no siempre se queda ahí.

Poco a poco, también empieza a cambiar la forma en que se mira lo propio. Lo que antes parecía estar en camino comienza a sentirse lento, lo que todavía no ocurre ocupa cada vez más lugar y aquello que sí cambió parece perder peso demasiado rápido.
A partir de ahí, ya no hace falta mirar tanto alrededor para volver a sentirlo, porque la misma sensación puede aparecer al pensar en lo que falta, en lo que sigue igual o en todo aquello que parecía estar más cerca de lo que finalmente estuvo.
Y mientras más presente se vuelve, más cosas parecen confirmarla. Las esperas se sienten más largas, las pausas pesan un poco más y cada nueva comparación vuelve a llevar la atención hacia el mismo lugar.
Hasta que llega un punto en el que ya no resulta tan sencillo distinguir si las cosas realmente están tardando más o si hace tiempo empezaron a sentirse así.
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